Belisa y Marcus marcharon a casa de la primera. Una vez que llegaron,
esta le dijo que esperase fuera y ella entró en su casa sin hacer ruido. No
podía dejar que su padre, que estaba en el taller, la viera irse, jamás se lo
permitirían. Pero, por otro lado, tampoco se quería ir sin avisar, así que se
dijo a si misma que les dejaría una nota. Cuando era pequeña, a ella y su
hermano le enseñaron a escribir en el monasterio y su madre también sabia un
poco, así que algunos de ellos dos la leería.
Ella sabía que los echaría de menos, pero no podía quedarse, ya no,
así que subió las escaleras hacía su cuarto y se quitó el vestido, el cual no
le ayudaría nada en la travesía que tenía por delante. Se puso unas calzas de
hombre y una camiseta ancha cuyas mangas le llegaban por el codo, se recogió el
pelo en una cola, cogió su capa de viaje, la cual le gustaba mucho porque
rozaba el suelo y tenia capucha en caso de que lloviese, se fue a la mesa y
cogió una pluma, tinta y se dispuso a escribir la nota:
Mama, papa, Vivian (este último era el nombre del hermano, un
chico fuerte y alto para su edad, tenía 21 años, castaño como su padre, a
diferencia de Belisa que era rubia como su madre, aunque ambos tenían los ojos
azules) os quiero mucho y nos os
olvidaré, pero me tengo que marchar. Si me quedase estaríais en peligro, en mis
manos hay un objeto muy peligroso y quien lo codicia no tendrá ningún reparo
con vosotros, así que he decidido marcharme y así evitar que os hagan daño. No
es un hasta siempre, solo… un hasta luego.
Os quiere: Belisa
Lo que más le
apenaba es que ahora que Vivian estaba tan cerca de entrar en la Orden de Los
Árboles Durmiente de Tritonia no lo vería, pero no podría quedarse, ni un solo
día mas, ni aunque fueses esa la razón. A pesar de que siempre se estaba
metiendo con ella, Belisa le echaría de menos.
Dejó la nota en la mesa de su cuarto, y bajó decidida a construirse su
propio destino.
Antes de irse pensó que le
vendría bien algo de comida, así que fue a la cocina, cogió un poco de queso,
pan y pescado en salazón que se conservaría bien, lo metió en una bolsa amplia
y la ato con una cuerda, salió de esta para dirigirse al taller de su padre,
donde vio que estaba atendiendo a un cliente. Entonces entró sin hacer ruido y
cogió un par de espadas. No eran perfectas, pero en caso de lucha era mucho
mejor que nada. Salió del taller y en el recibidor se colgó su espada. La bolsa
con la comida se la puso a la espalda.
Se dirigió a la puerta y la abrió. Cuando iba a salir se encontró con
que la madre, que hasta ese momento había estado comprando en el mercado
aprovechando las ofertas de la tarde y el poco bullicio que había comparado con
la mañana y el medio-día, había regresado. Entonces al ver a Belisa así le
pregunto:
-¿A donde vas con
esa espada y la comida?
-Se la voy a llevar a Vivian.
- Muy bien
cariño, vuelve pronto que no me gusta que estés sola en la calle.
-si mama…, adiós.
Mientras decía esto la voz se le
rompió, sé despidió con la mano, se dio la vuelta y se fue.
Marcus le estaba esperando
fuera, distraído y pensativo, mirando para abajo. En cuanto vio aparecer a
Belisa, mostró una sonrisa, lo que hizo que esta se reconfortara un poco porque,
cuando Belisa le vio apoyado en la pared sonriendo, pensó que al menos no
estaría del todo sola en el viaje. Cuando llego a la altura de Marcus le dijo:
-¿Vamos?
-Vamos.
Y los dos se encaminaron hacia
el puerto.