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lunes, 28 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 3


Después de comer Belisa subió a su cuarto y se encontró que el cajón que contenía la caja y la bolsa estaba abierto junto con la ventana, miró dentro del cajón y como suponía no había nada dentro.
Al mirar por la ventana se encontró con que un chico de unos  17 años, pelirrojo y con el pelo algo enredado que corría en dirección a la plaza del mercado, al fijarse en su mano en ella se encontraba la bolsa de cuero que contenía la caja, así que salió corriendo detrás suya, bajo a la calle y al mirar ya se encontraba bastante lejos, puede que en velocidad lo hubiese ganado pero con el vestido que llevaba no podía correr muy rápido, así que decidió tomar un atajo. 
Pensó en la forma de Tritonia en la parte altas de la ciudad se encontraba el castillo rodeado por una muralla en el nivel intermedio se encontraba la ciudadela donde vivían la gente de una clase media y media-alta, ella su familia era considerada de la media y por lo tanto vivían en la ciudadela que también estaba rodeado por una muralla y al pies de la colina se encontraba la ciudad baja que no tenia muralla.
Belisa sabía que para pasar el mercado que estaba en la ciudadela con la gente que había tardaría el tiempo suficiente como para que ella rodease la ciudadela pasando por la ciudad baja en la que no habría mucha gente, y así lo hizo salió a correr y cuando llego al otro lado de la plaza del mercado distinguió al chico pelirrojo por su pelo y estaba mirando para atrás por si ella le seguían, cuando se dio cuenta de que Belisa estaba delante era demasiado tarde, ella le puso la zancadilla y el muchacho callo al suelo dejando libre la bolsa de cuero la cual recupero al instante Belisa.
El chico se levanto rápidamente, Belisa al mirarlo supo al instante que no había maldad alguna en aquel muchacho, era apuesto tenía la cara con pecas y unos ojos verde claro tan fresco como la yerba, era de estatura normal para su edad, era fuerte aunque no se le notaba mucho.
El chico la miró a ella a los ojos y luego a la bolsa y entonces le dijo
-Por favor devuélveme la bolsa.
-  no te tengo que devolver nada puesto que has sido tu el que me la has robado a mí.
El chico la miró a Belisa con cara de angustia y  de que se la caía el mundo encima, entonces ella no pudo evitar sentir pena y le pregunto:
-¿Qué te pasa?
-Mmmm, no se si debería contártelo ni siquiera te conozco.
-Eso es fácil de solucionar, soy Belisa, encantada.
Ella extendió la mano, el chico dudo un momento pero la acabo aceptando.
-Igualmente, yo soy Marcus
-Y bien Marcus, ¿Qué te pasaba?
-Pertenezco a la tripulación de el capitán Stevan el pirata mas temido de los 7 mares, me encargo que recuperase esa bolsa con la caja de dentro y como no lo hiciera me amenazo con matarme, y bueno podría matarte yo a ti ahora y recuperar la bolsa, pero uno no tengo ningún arma a mano y dos prefiero morir yo a herir a alguien que no a echo nada malo, no es mi estilo.
-Entonces tienes una solución quédate en mi casa, yo te daré cobijo y no tendrás que volver con esa tripulación.
-¿De verdad lo harias?-Dijo incrédulo
-Sí
-Muchas gracias
-¿Por cierto que es lo que contiene la caja esa que es tan importante para Stevan?
-Contiene el gran secreto de la alquimia
                Belisa había leído sobre ello, se trataba de una formula hecha por los alquimistas que creaba una piedras la cual todo lo que tocase se convertía en oro.
-¿De verdad eso estaba dentro de esa caja?
-Sí
-De todas formas aunque consiguiera la caja no se puede abrir, ya lo he intentado yo
-Vez los símbolos de debajo de la caja y sus huecos, son símbolos alquímicos, el de arriba es del vitriolo, el de la derecha de volatín y el de la izquierda de calviva, si metes las tres piezas en los huecos la caja se abre pero esas piezas están protegidas por muchísimos peligros que dejaron los antiguos alquimistas para que no todo el mundo pudiera encontrarlo.
-¿Sabes dónde se encuentran las piezas?
-sé dos, la de volátil la tiene Stevan, se la arrebataron a unos contrabandista por casualidad hace muchos años y la de vitriolo cuentan que esta en una isla al norte del origen de los mapas, quiero decir, al norte del punto (0,0).
Ahora que Belisa sabía lo que contenía la caja no podía quedarse en casa, seria poner en peligro a su familia, porque a pesar de que Marcus era bueno y no quería hacer daño a nadie, Stevan mandaría a mas gente y la acabarían pillando y puede que matando a su familia, en ese momento Belisa tomo una decisión.
-nos iremos en busca de estas piezas o al menos nos alejaremos un tiempo de mi casa y mi familia-dijo Belisa segura de si misma
-Supongo que ahora que sabes lo que hay abras llegado a la conclusión de que Stevan mandaran a mas hombre a por ti y podrían hacerle daño a tu familia ¿no? Pero no puedes irte seria muy peligroso.
-Si no quieres venir iré yo sola- y Belisa hecho a andar con paso decidido.
- espera voy contigo-dijo Marcus- no te dejaré sola.
Entonces Belisa sonrió imperceptiblemente.
-Bien vamos a mi casa a por algo de provisiones y nos marchamos.
Entonces ambos echaron a andar hacía la casa de Belisa

viernes, 18 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 2


Belisa llegó a su casa y entró sin hacer ruido, puesto que sus padres estaban durmiendo y a ellos no le gustaba que una mujer de su edad estuviese en la calle tan tarde. Se fue para su cuarto y esa noche estaba tan cansada y era tan tarde que no se acordó mas de la bolsa en todo lo restante de la noche.

A la mañana siguiente se despertó, y se fue a lavar la cara al lago. Entonces, se vio en el reflejo y, como en el fondo de su ser era un poco coqueta, se dijo a si misma que tampoco estaba tan mal. Ella era rubia con los ojos verdes, era de estatura normal para su edad y realmente pensaba que no tenía mal cuerpo. Y no se equivocaba. A sus 17 años, ya había tenido bastantes pretendientes, aunque no había salido con ningún chico puesto que no quería pensar en esas cosas tan pronto, aunque su padre, que es herrero de profesión, a veces le decía que tenia que ir buscándose a un chico de buena familia con el que establecer una relación. Pero eso a ella no le interesaba de momento.

Volvió a su casa, que era una casa normal para aun herrero y su familia. Tenía dos plantas. En la planta baja estaba la tienda de su padre, la forja y demás utensilios para la fabricación de armas y, también detrás del taller, estaba la cocina y el comedor. En la planta de arriba se encontraban las habitaciones. Eran tres, la de sus padres, que era la más amplia, la suya y la de su hermano.

 Desayunó con normalidad y cuando subió a su cuarto vio la bolsa sobre la mesa. Decidió que era el momento de abrirla. Cogió valor, puesto parecía ser que esa bolsa era muy importante, aunque no comprendía porqué ya que era una bolsa de cuero muy vieja y parecía que en cualquier momento se iba a disolver. Cogió la bolsa entre las manos, la tocó con ansiedad porque no sabía lo que podría encontrar dentro, metió la mano y toco algo cuadrado. Lo sacó y era una cajita de piedra como las que se utilizaban para guardar los pendientes pero de color gris piedra. La caja tenía una incisura que marcaba un cuadrado alrededor de la forma cuadricular. Aparte de eso, era lisa.

                Intentó abrirla, pero no pudo. La chocó contra una esquina de la mesa que tenia en su cuarto, pero tampoco funciono. Bajó a la cocina e hizo palanca con una cuchara, con lo que solo consiguió doblar la cuchara. Volvió a su cuarto desesperada y tiró la caja al suelo con una última esperanza de que se rompiese y se abriera pero, evidentemente, no paso nada.  Se sentó en la cama para relajarse y cuando fue a coger  la caja vio por debajo un símbolo grabado en la caja rodeado de otros más pequeños. Los “emblemas” que rodeaban al otro símbolo eran huecos. Entonces se preguntó que eran todos esos símbolos y emblemas y fue en ese momento cuando se fijo en el sol. Era casi medio día y decidió bajar para preguntarse cuanto le quedaba a la mesa y si podía ayudar a algo, a lo que naturalmente le dirían que sí. Soltó la caja en el primer cajón de su mesa junto con la bolsa de cuero en la que venia y bajó.

martes, 15 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 1



Era de noche y estaba lloviendo. En las calles de Tritonia no quedaba nadie y en una de las plazas se escuchaban el sonido de dos hierros chocando, la gente podía pensar que se trataba de truenos  pero Belisa no, ella sabía que era el sonido de dos espadas chocando, había escuchado tanta tarde a su hermano entrenar la arte de esgrima esperando poder entrar algún día en la orden de los Árboles Durmientes  mientras que ella soñaba con la piratería que le era imposible no reconocer ese sonido. Movida por la curiosidad cogió su capa y salió de su casa, siguiendo el sonido de las espadas llego a una plazoleta en la que vio a dos personas luchando bajo la tempestad.
Uno era un hombre entrado en edad que tenia el cabello largo, rizado y enredado, tenía puesta una casaca y una hombrera con hilos cargando a modos de adorno además lucia un sombrero grande y amplio sus movimientos eran fuerte y contundentes pero carecía de la velocidad necesaria como para suponer una gran amenaza aunque ello se compensaba con su experiencia en el combate debido a su edad, mientras tanto la otra, era una mujer era un poquito mas baja que el hombre, delgada aunque no excesivamente y se movía con movimientos rápidos y ágiles lo que le acarreaba algunas dificultades a combatirla el hombre , tenia el pelo recogido en una cola que le llegaba por el hombre, su tonalidad era oscura pero debido a la penumbra en la que estaban solo alumbrados por unos rayos casuales no sabía decir el color, vestía una camiseta ancha y unos pantalones que le llegaban asta el tobillo.
Belisa se acercó lo suficiente como para escuchar como el hombre le decía:
-Devuélveme lo que es mio, bribona- a lo que la otra le respondió- ¡jamás, te lo daré!
La mujer  vio a Belisa escondía tras unas cajas y con disimulo le lanzo algo que tenía en el bolsillo y corrió en otra dirección, el hombre fue tras ella. Belisa lo cogió dudando, cuando lo tubo en las mano se dio cuanta que era una bolsa de cuero con algo duro dentro.
En ese momento Belisa considero oportuno antes de saber su contenido volver a su casa por si volvía el hombre que no la viese allí y además porque estaba empapada.