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domingo, 12 de agosto de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 6


Belisa y Marcus sabían que tenían un largo camino por delante. Había pasado ya tres días desde que salieron de Tritonia y su paisaje no había cambiado en lo mas mínimo solo arboles por todos lados, por no hablar de su falta de comida para un almuerzo satisfactorio en el mediodía.
                Cuanto más avanza por el bosque más espeso era pero eso no le hacia perder su encanto. Era un lugar verde lo que sintonizaba a la perfección con los pájaros cantando por la llegada de la primavera.
Belisa se detuvo en seco haciendo que Marcus se parase justo detrás de ella, escucho un ruido en los arboles, vio una ardilla  y le tiro la espada la cual logro clavar en el árbol pero ni rozar a la ardilla. Viendo como la ardilla se escapaba y frustrada Belisa se subió al árbol y cogió su espada.
-¿Qué pretendías?- preguntó Marcus.
-Cazar para tener algo que almorzar hoy- Dijo asqueada Belisa- pero con una espada es imposible, tendremos que hacer un arco.
-Yo no se utilizar un arco- Le dijo Marcus.
-Por suerte para los dos yo sí- Dijo Belisa sonriendo.
Entonces Belisa se dirigió a un árbol y con su espada cerró una rama de un árbol que estaba curvada le quito la piel y las rugosidades cogió la cuerda con la que tenia cerrada la bolsa ya vacía de la comida, la estiro, la tenso y se la puso al árbol.
Cuando Belisa vio el resultado se alegró pues le había quedado francamente bien, ahora solo tenia que hacer un carcaj y unas flechas para llenar lo anterior.
Cogió unas rama de los arboles las afilo dejándole una punta muy fina. De mientras Marcus cogió un tronco no muy grueso lo ahueco introdujo la tela por la abertura que le había hecho previamente con la espada y el otro estrenos por una raja que  en la camisa de Belisa lo anudo y Belisa metió las flechas dentro.
-Ya terminamos. No sabía que se te daba tan bien las manualidades- Le dijo Belisa a Marcus.
- La verdad es que yo tampoco, solo quería ayudar-  Le respondió Marcus- Oye Belisa… - Empezó a decir Marcus.
-Silencio, ¿Escuchas eso?- susurro Belisa.
Rápidamente se giro, saco una flecha, la puso en el arco, lo tenso y soltó la saeta que silbo fuerte con el viento. Cuando Marcus y ella se fijaron Belisa había acertado a un pájaro y a una ardilla en la cabeza.
-No es mucho pero servirá para la comida no te parece.-dijo Belisa.
-Si voy a por leña- Respondió Marcus.
                Cuando hubieron terminado de comer siguieron su camino por el bosque, intentaban no pisar muy fuerte ni hacer mucho ruido por si podían cazar otra presa que le sirviese para cenar.
-¿Cuánto quedará de viaje?-Preguntó Belisa.
-No lo se pero el bosque no tiene pinta de acabar- Respondió Marcus.
                Marcus subió a la copa de un árbol y al mirar al horizonte no vio mas que arboles en su camino bajo y se lo dijo a Belisa.
                A medida que seguían caminando iba oscureciendo.
-Tenemos que ir pensando donde pasar la noche- Dijo Marcus.
Busquemos un claro- Propuso Belisa.
                Y los dos jóvenes siguieron andando hasta que llegaron a una zona con menos árboles donde montaron una hoguera.
-Voy a cazar algo- Dijo Belisa.
                Entro en el bosque pero ya era demasiado tarde y había oscurecido, por lo que no había ningún animal en el bosque.
                Cuando se dio la vuelta para dirigirse de nuevo hacia donde estaba Marcus vio unos ojos amarrillos mirándola y cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad  era un lobo lo que la miraba y esté salto hacia ella, Belisa lo esquivo por poco y grito de miedo. Empezó a correr bosque a través, se tropezó con una rama y se cayó al suelo, el lobo se puso sobre ella a 4 pata y cuando estaba apunto de empezar su carnicería se quedo inmóvil y se cayó, Marcus le había clavado su espada en el cuello al lobo. Marcus le sacó su espada del cuelo la limpio de sangre con un árbol y la envaino, todavía un poco cansado se dio la vuelta y le preguntó a Belisa.
-¿Estás bien?-Dijo tendiéndole la mano.
-Sí... creo que sí, al menos no me falta ninguna parte del cuerpo. Gracias por ayudarme- Dijo Belisa agarrando su mano y levantándose mientras sonreía.
-No hay porque darles simplemente escuche tu grito  supuse que te pasaba algo así que salí corriendo a buscarte- Le explico Marcus mientras le sonreía.
                Los dos volvieron al campamento, si es que se podía llamar así a una hoguera en un claro con yerba, y se acostaron.
-¿Sabes?- Dijo Belisa ya acostada mirando al cielo- Después de lo tranquilo que ha sido el día de hoy quién pensaría  que uno de los piratas mas temido de los mares nos persigue.
-Tienes razón- Dijo Marcus que estaba tirado en la yerba mirando hacia arriba con las manos entre la nunca y el suelo- Pero cuando lleguemos a Immor mañana las cosas serán más difíciles.
-Ya lo sé, que descanses- Dijo Belisa mientras se giraba y se ponía de espalda al fuego.
-Si… eso, descansa- Dijo Marcus cerrando los ojos, tenía la sensación que al decir que el día siguiente sería más difícil había roto la atmosfera que había en ese momento.
                Despertaron al día siguiente con los primeros rayos de sol y tras andar unas horas por el bosque empezó a ser menos espeso. Encontraron un lago donde saciaron toda la sed y pescaron  algunos peces para comer.
-Ya debemos estar cerca- Dijo Marcus.
-En ese caso sigamos antes de que sea mediodía- Dijo Belisa.
                Los dos caminaron callados un largo rato cuando a lo lejos divisaron la torre del castillo de Immon, siguieron caminando y cuando llegaron al camino que lleva hasta la entrada principal encontraron a muchos hombres por el suelo, un carro con las ruedas rotas tirado a un lado del camino y ningún caballo ni lo de los hombres que parecían caballeros ni los que debían tirar del carro.
-¿Pero que es esto?- Dijo Belisa sorprendida.


sábado, 14 de julio de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 5

De camino al puerto Belisa le dio a Marcus una de las espadas que había cogido de su padre.
-Toma, si nos vamos a enfrentar a varios peligros durante el viaje necesitaras una de estas.
-¿De donde lo has sacado?
-Mi padre es un herrero, simplemente cogí un par de espadas.
Ambos se pusieron las espadas en el cinturón y fueron camino al puerto de la ciudad baja, donde Belisa pensaba coger una barca para así alejarse de la ciudad y en alguna isla vecina pensar una estrategia para seguir a partir de ahora.
Cuando estaban cruzando la muralla de la ciudad baja dos personas se tiraron de ella con ganchos y desenvainaron las espadas.
                Eran dos hombres uno alto y otro bajo, el alto tenía las ropas raídas, el pelo sucio y desaliñado. Mientras que el otro tenía la ropa en mejor estado que su compañero, era un poco gordo y tenía una barba rizada muy larga junto con unas cejas muy pobladas que apenas dejaban ver sus ojos, lo que contrastaba con su cabeza sin pelos.
-Marcus el capitán esta enfadado por tu tardanza, tenías una misión importante y tu de mientras tonteando con chicas por hay ¡Joder es la edad, pero ahora no es el momento!- Dijo el alto con una voz rasposa y atropellándosele las palabras.
-Podéis volver y decirle al capitán que renuncio a su tripulación y jamás le diré lo que sé sobre el secreto de la alquimia- Respondió Marcus algo airado.
-No podemos dejarte marchar- Dijo el enano con una voz profunda y agitada.
-Entonces… -Dijo Marcus- Me tendréis que detener.
El alto ataco a Belisa ya que era la que parecía más débil de los dos. Entonces Belisa desenvaino su espada de debajo de la capa rápidamente y paro el golpe trasversa que le venia por arriba, lo desvió y le dio una rápida estocada en el pecho la cual causo su muerte inmediata. De mientras el chico atacó con su espada a Marcus y entonces Marcus con un ágil movimiento pego un salto se apoyó en el hombro del hombre y salto hacia su espalda donde le dio un tajo trasversal casi superficial.
-Esta vez he fallado queriendo, la próxima vez no será así- le dijo Marcus al enano- Ahora márchate, dile a tu capitán que no volveré y que se ahorre el buscarme, él sabe perfectamente que tarde o temprano nos acabaremos encontrando.
                Marcus se volvió y envaino su espada.
-Una cosa mas… - Dijo Marcus- Llévate a este de aquí, no lo dejes tirado en medio de la calle.

El enano se cargo al alto a la espalda y salió corriendo calle abajo. Marcus y Belisa se miraron con una media sonrisa en sus caras. Belisa limpio la sangre de su espada y volvió a envainar.
-No sabía que fueras tan bueno con la espada-le dijo Belisa a Marcus.
-Bueno imagínate mi sorpresa cuando tu has parado la espada de ese hombre y le has matado- respondió Marcus- No sabía que fueras tan buena.
-Bueno llevo años viendo entrenar a mi hermano- Contesto Belisa.
-Bueno de todas formas no creo que podamos ir ahora al puerto, el pirata que he dejado con vida a huido en esa dirección por lo que supongo que el barco de Stevan esta atracado allí.
-¿Por eso lo degastes con vida?- Pregunto Belisa.
-Mas bien porque no es mi estilo ir matando por hay…- Explico Marcus.
-Vaya, ahora quedo yo mal por matar a ese hombre- Dijo Belisa pensativa.
-Tranquila, te tenias que defender lo comprendo –dijo Marcus- pero… ¿sabes?  No me gusta matar porque realmente yo nunca elegí ser pirata, siempre me hubiese gustado llevar una vida normal, pero nací siendo pirata, mi madre y mi padre eran piratas, tenían su propio Barco y eran unos grandes capitanes, bastante reconocidos a decir verdad, así que cuando yo nací ya era perseguido por las ordenes caballerescas de las distintas ciudades y reinos, se podría decir que: “nací con la espada en la mano”- Marcus dijo esto ultimo de una forma solemne casi triste.
-¿Y entonces porque estabas enrolado en el barco de Stevan en vez de con tus padres?-Pregunto Belisa.
-Bueno… veras… mis padres murieron cuando yo tenía 5 años… fue después de robar un barco con un gran cargamento de pólvora, el barco llevaba demasiada y por alguna razón explotó y luego Stevan me encontró a la deriva y allí me hizo unirme a su tripulación donde aprendí a luchar y buscarme la vida- Dijo Marcus visiblemente apenado.
-Lo siento… yo… no lo sabía… -Dijo Belisa apunto de derrumbarse.
-No pasa nada- Respondió Marcus y su sonrisa habitual volvió a su cara.
 Eso alegró a Belisa, llevaba poco tiempo con Marcus y Belisa ya le había cogido cariño y se alegraba de haberle conocido.
-Bueno y entonces ahora que hacemos, ya no podemos ir a puerto- Le dijo Belisa dubitativa a Marcus.
-Bueno… yo he pensado que podíamos ir a la ciudad vecina y allí embarcar en un barco- Dijo a rascándose la mejilla.
-No es mala idea, ¡vayamos!, pongamos rumbo a Immor.
                Belisa se puso su capucha y los dos compañeros salieron de la ciudad baja y se dirigieron al bosque que separa Tritonia de Immor.

lunes, 4 de junio de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 4


Belisa y Marcus marcharon a casa de la primera. Una vez que llegaron, esta le dijo que esperase fuera y ella entró en su casa sin hacer ruido. No podía dejar que su padre, que estaba en el taller, la viera irse, jamás se lo permitirían. Pero, por otro lado, tampoco se quería ir sin avisar, así que se dijo a si misma que les dejaría una nota. Cuando era pequeña, a ella y su hermano le enseñaron a escribir en el monasterio y su madre también sabia un poco, así que algunos de ellos dos la leería.
Ella sabía que los echaría de menos, pero no podía quedarse, ya no, así que subió las escaleras hacía su cuarto y se quitó el vestido, el cual no le ayudaría nada en la travesía que tenía por delante. Se puso unas calzas de hombre y una camiseta ancha cuyas mangas le llegaban por el codo, se recogió el pelo en una cola, cogió su capa de viaje, la cual le gustaba mucho porque rozaba el suelo y tenia capucha en caso de que lloviese, se fue a la mesa y cogió una pluma, tinta y se dispuso a escribir la nota:
Mama, papa, Vivian (este último era el nombre del hermano, un chico fuerte y alto para su edad, tenía 21 años, castaño como su padre, a diferencia de Belisa que era rubia como su madre, aunque ambos tenían los ojos azules) os quiero mucho y nos os olvidaré, pero me tengo que marchar. Si me quedase estaríais en peligro, en mis manos hay un objeto muy peligroso y quien lo codicia no tendrá ningún reparo con vosotros, así que he decidido marcharme y así evitar que os hagan daño. No es un hasta siempre, solo… un hasta luego.
Os quiere: Belisa
Lo que más le apenaba es que ahora que Vivian estaba tan cerca de entrar en la Orden de Los Árboles Durmiente de Tritonia no lo vería, pero no podría quedarse, ni un solo día mas, ni aunque fueses esa la razón. A pesar de que siempre se estaba metiendo con ella, Belisa le echaría de menos.
Dejó la nota en la mesa de su cuarto, y bajó decidida a construirse su propio destino.
                Antes de irse pensó que le vendría bien algo de comida, así que fue a la cocina, cogió un poco de queso, pan y pescado en salazón que se conservaría bien, lo metió en una bolsa amplia y la ato con una cuerda, salió de esta para dirigirse al taller de su padre, donde vio que estaba atendiendo a un cliente. Entonces entró sin hacer ruido y cogió un par de espadas. No eran perfectas, pero en caso de lucha era mucho mejor que nada. Salió del taller y en el recibidor se colgó su espada. La bolsa con la comida se la puso a la espalda.
Se dirigió a la puerta y la abrió. Cuando iba a salir se encontró con que la madre, que hasta ese momento había estado comprando en el mercado aprovechando las ofertas de la tarde y el poco bullicio que había comparado con la mañana y el medio-día, había regresado. Entonces al ver a Belisa así le pregunto:
-¿A donde vas con esa espada y la comida?
-Se  la voy a llevar a Vivian.
- Muy bien cariño, vuelve pronto que no me gusta que estés sola en la calle.
-si mama…, adiós.
                Mientras decía esto la voz se le rompió, sé despidió con la mano, se dio la vuelta y se fue.
                Marcus le estaba esperando fuera, distraído y pensativo, mirando para abajo. En cuanto vio aparecer a Belisa, mostró una sonrisa, lo que hizo que esta se reconfortara un poco porque, cuando Belisa le vio apoyado en la pared sonriendo, pensó que al menos no estaría del todo sola en el viaje. Cuando llego a la altura de Marcus le dijo:
-¿Vamos?
-Vamos.
                Y los dos se encaminaron hacia el puerto.
               

lunes, 28 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 3


Después de comer Belisa subió a su cuarto y se encontró que el cajón que contenía la caja y la bolsa estaba abierto junto con la ventana, miró dentro del cajón y como suponía no había nada dentro.
Al mirar por la ventana se encontró con que un chico de unos  17 años, pelirrojo y con el pelo algo enredado que corría en dirección a la plaza del mercado, al fijarse en su mano en ella se encontraba la bolsa de cuero que contenía la caja, así que salió corriendo detrás suya, bajo a la calle y al mirar ya se encontraba bastante lejos, puede que en velocidad lo hubiese ganado pero con el vestido que llevaba no podía correr muy rápido, así que decidió tomar un atajo. 
Pensó en la forma de Tritonia en la parte altas de la ciudad se encontraba el castillo rodeado por una muralla en el nivel intermedio se encontraba la ciudadela donde vivían la gente de una clase media y media-alta, ella su familia era considerada de la media y por lo tanto vivían en la ciudadela que también estaba rodeado por una muralla y al pies de la colina se encontraba la ciudad baja que no tenia muralla.
Belisa sabía que para pasar el mercado que estaba en la ciudadela con la gente que había tardaría el tiempo suficiente como para que ella rodease la ciudadela pasando por la ciudad baja en la que no habría mucha gente, y así lo hizo salió a correr y cuando llego al otro lado de la plaza del mercado distinguió al chico pelirrojo por su pelo y estaba mirando para atrás por si ella le seguían, cuando se dio cuenta de que Belisa estaba delante era demasiado tarde, ella le puso la zancadilla y el muchacho callo al suelo dejando libre la bolsa de cuero la cual recupero al instante Belisa.
El chico se levanto rápidamente, Belisa al mirarlo supo al instante que no había maldad alguna en aquel muchacho, era apuesto tenía la cara con pecas y unos ojos verde claro tan fresco como la yerba, era de estatura normal para su edad, era fuerte aunque no se le notaba mucho.
El chico la miró a ella a los ojos y luego a la bolsa y entonces le dijo
-Por favor devuélveme la bolsa.
-  no te tengo que devolver nada puesto que has sido tu el que me la has robado a mí.
El chico la miró a Belisa con cara de angustia y  de que se la caía el mundo encima, entonces ella no pudo evitar sentir pena y le pregunto:
-¿Qué te pasa?
-Mmmm, no se si debería contártelo ni siquiera te conozco.
-Eso es fácil de solucionar, soy Belisa, encantada.
Ella extendió la mano, el chico dudo un momento pero la acabo aceptando.
-Igualmente, yo soy Marcus
-Y bien Marcus, ¿Qué te pasaba?
-Pertenezco a la tripulación de el capitán Stevan el pirata mas temido de los 7 mares, me encargo que recuperase esa bolsa con la caja de dentro y como no lo hiciera me amenazo con matarme, y bueno podría matarte yo a ti ahora y recuperar la bolsa, pero uno no tengo ningún arma a mano y dos prefiero morir yo a herir a alguien que no a echo nada malo, no es mi estilo.
-Entonces tienes una solución quédate en mi casa, yo te daré cobijo y no tendrás que volver con esa tripulación.
-¿De verdad lo harias?-Dijo incrédulo
-Sí
-Muchas gracias
-¿Por cierto que es lo que contiene la caja esa que es tan importante para Stevan?
-Contiene el gran secreto de la alquimia
                Belisa había leído sobre ello, se trataba de una formula hecha por los alquimistas que creaba una piedras la cual todo lo que tocase se convertía en oro.
-¿De verdad eso estaba dentro de esa caja?
-Sí
-De todas formas aunque consiguiera la caja no se puede abrir, ya lo he intentado yo
-Vez los símbolos de debajo de la caja y sus huecos, son símbolos alquímicos, el de arriba es del vitriolo, el de la derecha de volatín y el de la izquierda de calviva, si metes las tres piezas en los huecos la caja se abre pero esas piezas están protegidas por muchísimos peligros que dejaron los antiguos alquimistas para que no todo el mundo pudiera encontrarlo.
-¿Sabes dónde se encuentran las piezas?
-sé dos, la de volátil la tiene Stevan, se la arrebataron a unos contrabandista por casualidad hace muchos años y la de vitriolo cuentan que esta en una isla al norte del origen de los mapas, quiero decir, al norte del punto (0,0).
Ahora que Belisa sabía lo que contenía la caja no podía quedarse en casa, seria poner en peligro a su familia, porque a pesar de que Marcus era bueno y no quería hacer daño a nadie, Stevan mandaría a mas gente y la acabarían pillando y puede que matando a su familia, en ese momento Belisa tomo una decisión.
-nos iremos en busca de estas piezas o al menos nos alejaremos un tiempo de mi casa y mi familia-dijo Belisa segura de si misma
-Supongo que ahora que sabes lo que hay abras llegado a la conclusión de que Stevan mandaran a mas hombre a por ti y podrían hacerle daño a tu familia ¿no? Pero no puedes irte seria muy peligroso.
-Si no quieres venir iré yo sola- y Belisa hecho a andar con paso decidido.
- espera voy contigo-dijo Marcus- no te dejaré sola.
Entonces Belisa sonrió imperceptiblemente.
-Bien vamos a mi casa a por algo de provisiones y nos marchamos.
Entonces ambos echaron a andar hacía la casa de Belisa

viernes, 18 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 2


Belisa llegó a su casa y entró sin hacer ruido, puesto que sus padres estaban durmiendo y a ellos no le gustaba que una mujer de su edad estuviese en la calle tan tarde. Se fue para su cuarto y esa noche estaba tan cansada y era tan tarde que no se acordó mas de la bolsa en todo lo restante de la noche.

A la mañana siguiente se despertó, y se fue a lavar la cara al lago. Entonces, se vio en el reflejo y, como en el fondo de su ser era un poco coqueta, se dijo a si misma que tampoco estaba tan mal. Ella era rubia con los ojos verdes, era de estatura normal para su edad y realmente pensaba que no tenía mal cuerpo. Y no se equivocaba. A sus 17 años, ya había tenido bastantes pretendientes, aunque no había salido con ningún chico puesto que no quería pensar en esas cosas tan pronto, aunque su padre, que es herrero de profesión, a veces le decía que tenia que ir buscándose a un chico de buena familia con el que establecer una relación. Pero eso a ella no le interesaba de momento.

Volvió a su casa, que era una casa normal para aun herrero y su familia. Tenía dos plantas. En la planta baja estaba la tienda de su padre, la forja y demás utensilios para la fabricación de armas y, también detrás del taller, estaba la cocina y el comedor. En la planta de arriba se encontraban las habitaciones. Eran tres, la de sus padres, que era la más amplia, la suya y la de su hermano.

 Desayunó con normalidad y cuando subió a su cuarto vio la bolsa sobre la mesa. Decidió que era el momento de abrirla. Cogió valor, puesto parecía ser que esa bolsa era muy importante, aunque no comprendía porqué ya que era una bolsa de cuero muy vieja y parecía que en cualquier momento se iba a disolver. Cogió la bolsa entre las manos, la tocó con ansiedad porque no sabía lo que podría encontrar dentro, metió la mano y toco algo cuadrado. Lo sacó y era una cajita de piedra como las que se utilizaban para guardar los pendientes pero de color gris piedra. La caja tenía una incisura que marcaba un cuadrado alrededor de la forma cuadricular. Aparte de eso, era lisa.

                Intentó abrirla, pero no pudo. La chocó contra una esquina de la mesa que tenia en su cuarto, pero tampoco funciono. Bajó a la cocina e hizo palanca con una cuchara, con lo que solo consiguió doblar la cuchara. Volvió a su cuarto desesperada y tiró la caja al suelo con una última esperanza de que se rompiese y se abriera pero, evidentemente, no paso nada.  Se sentó en la cama para relajarse y cuando fue a coger  la caja vio por debajo un símbolo grabado en la caja rodeado de otros más pequeños. Los “emblemas” que rodeaban al otro símbolo eran huecos. Entonces se preguntó que eran todos esos símbolos y emblemas y fue en ese momento cuando se fijo en el sol. Era casi medio día y decidió bajar para preguntarse cuanto le quedaba a la mesa y si podía ayudar a algo, a lo que naturalmente le dirían que sí. Soltó la caja en el primer cajón de su mesa junto con la bolsa de cuero en la que venia y bajó.

martes, 15 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 1



Era de noche y estaba lloviendo. En las calles de Tritonia no quedaba nadie y en una de las plazas se escuchaban el sonido de dos hierros chocando, la gente podía pensar que se trataba de truenos  pero Belisa no, ella sabía que era el sonido de dos espadas chocando, había escuchado tanta tarde a su hermano entrenar la arte de esgrima esperando poder entrar algún día en la orden de los Árboles Durmientes  mientras que ella soñaba con la piratería que le era imposible no reconocer ese sonido. Movida por la curiosidad cogió su capa y salió de su casa, siguiendo el sonido de las espadas llego a una plazoleta en la que vio a dos personas luchando bajo la tempestad.
Uno era un hombre entrado en edad que tenia el cabello largo, rizado y enredado, tenía puesta una casaca y una hombrera con hilos cargando a modos de adorno además lucia un sombrero grande y amplio sus movimientos eran fuerte y contundentes pero carecía de la velocidad necesaria como para suponer una gran amenaza aunque ello se compensaba con su experiencia en el combate debido a su edad, mientras tanto la otra, era una mujer era un poquito mas baja que el hombre, delgada aunque no excesivamente y se movía con movimientos rápidos y ágiles lo que le acarreaba algunas dificultades a combatirla el hombre , tenia el pelo recogido en una cola que le llegaba por el hombre, su tonalidad era oscura pero debido a la penumbra en la que estaban solo alumbrados por unos rayos casuales no sabía decir el color, vestía una camiseta ancha y unos pantalones que le llegaban asta el tobillo.
Belisa se acercó lo suficiente como para escuchar como el hombre le decía:
-Devuélveme lo que es mio, bribona- a lo que la otra le respondió- ¡jamás, te lo daré!
La mujer  vio a Belisa escondía tras unas cajas y con disimulo le lanzo algo que tenía en el bolsillo y corrió en otra dirección, el hombre fue tras ella. Belisa lo cogió dudando, cuando lo tubo en las mano se dio cuanta que era una bolsa de cuero con algo duro dentro.
En ese momento Belisa considero oportuno antes de saber su contenido volver a su casa por si volvía el hombre que no la viese allí y además porque estaba empapada.