Era de noche y estaba lloviendo. En las
calles de Tritonia no quedaba nadie y en una de las plazas se escuchaban el
sonido de dos hierros chocando, la gente podía pensar que se trataba de
truenos pero Belisa no, ella sabía que
era el sonido de dos espadas chocando, había escuchado tanta tarde a su hermano
entrenar la arte de esgrima esperando poder entrar algún día en la orden de los
Árboles Durmientes mientras que ella
soñaba con la piratería que le era imposible no reconocer ese sonido. Movida
por la curiosidad cogió su capa y salió de su casa, siguiendo el sonido de las
espadas llego a una plazoleta en la que vio a dos personas luchando bajo la
tempestad.
Uno era un hombre entrado en edad que tenia
el cabello largo, rizado y enredado, tenía puesta una casaca y una hombrera con
hilos cargando a modos de adorno además lucia un sombrero grande y amplio sus
movimientos eran fuerte y contundentes pero carecía de la velocidad necesaria
como para suponer una gran amenaza aunque ello se compensaba con su experiencia
en el combate debido a su edad, mientras tanto la otra, era una mujer era un
poquito mas baja que el hombre, delgada aunque no excesivamente y se movía con
movimientos rápidos y ágiles lo que le acarreaba algunas dificultades a
combatirla el hombre , tenia el pelo recogido en una cola que le llegaba por el
hombre, su tonalidad era oscura pero debido a la penumbra en la que estaban
solo alumbrados por unos rayos casuales no sabía decir el color, vestía una
camiseta ancha y unos pantalones que le llegaban asta el tobillo.
Belisa se acercó lo suficiente como para
escuchar como el hombre le decía:
-Devuélveme lo que es mio, bribona- a lo que
la otra le respondió- ¡jamás, te lo daré!
La mujer vio a Belisa escondía tras unas cajas y con
disimulo le lanzo algo que tenía en el bolsillo y corrió en otra dirección, el
hombre fue tras ella. Belisa lo cogió dudando, cuando lo tubo en las mano se
dio cuanta que era una bolsa de cuero con algo duro dentro.
En ese momento Belisa considero oportuno
antes de saber su contenido volver a su casa por si volvía el hombre que no la
viese allí y además porque estaba empapada.
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