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martes, 15 de mayo de 2012

El secreto de la alquimia: Capítulo 1



Era de noche y estaba lloviendo. En las calles de Tritonia no quedaba nadie y en una de las plazas se escuchaban el sonido de dos hierros chocando, la gente podía pensar que se trataba de truenos  pero Belisa no, ella sabía que era el sonido de dos espadas chocando, había escuchado tanta tarde a su hermano entrenar la arte de esgrima esperando poder entrar algún día en la orden de los Árboles Durmientes  mientras que ella soñaba con la piratería que le era imposible no reconocer ese sonido. Movida por la curiosidad cogió su capa y salió de su casa, siguiendo el sonido de las espadas llego a una plazoleta en la que vio a dos personas luchando bajo la tempestad.
Uno era un hombre entrado en edad que tenia el cabello largo, rizado y enredado, tenía puesta una casaca y una hombrera con hilos cargando a modos de adorno además lucia un sombrero grande y amplio sus movimientos eran fuerte y contundentes pero carecía de la velocidad necesaria como para suponer una gran amenaza aunque ello se compensaba con su experiencia en el combate debido a su edad, mientras tanto la otra, era una mujer era un poquito mas baja que el hombre, delgada aunque no excesivamente y se movía con movimientos rápidos y ágiles lo que le acarreaba algunas dificultades a combatirla el hombre , tenia el pelo recogido en una cola que le llegaba por el hombre, su tonalidad era oscura pero debido a la penumbra en la que estaban solo alumbrados por unos rayos casuales no sabía decir el color, vestía una camiseta ancha y unos pantalones que le llegaban asta el tobillo.
Belisa se acercó lo suficiente como para escuchar como el hombre le decía:
-Devuélveme lo que es mio, bribona- a lo que la otra le respondió- ¡jamás, te lo daré!
La mujer  vio a Belisa escondía tras unas cajas y con disimulo le lanzo algo que tenía en el bolsillo y corrió en otra dirección, el hombre fue tras ella. Belisa lo cogió dudando, cuando lo tubo en las mano se dio cuanta que era una bolsa de cuero con algo duro dentro.
En ese momento Belisa considero oportuno antes de saber su contenido volver a su casa por si volvía el hombre que no la viese allí y además porque estaba empapada.

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